domingo, 20 de febrero de 2011

EL EFECTO DOMINÓ

En el mundo están sucediendo una serie de acontecimientos que tarde o temprano van a cambiar nuestras vidas. Lo vemos a diario en las noticias, lo escuchamos en todas nuestras clases, pero más que hablar acerca de lo que está pasando y comentar acerca de las consecuencias que todos estos cambios van a traer al mundo, debemos prepararnos para enfrentarlos y desarrollar nuestro plan de contingencia para poder salir adelante, después de todo es importante resaltar que de las amenazas también salen oportunidades. Sin embargo, como es indispensable analizar los hechos para encontrar nuestras ventajas potenciales, nos encontramos en la posición de “stand by” al momento de buscar estrategias para atacar al progreso y nos dedicamos más bien a identificar las debilidades de aquellos partícipes de la nueva ola de crisis que se ha desencadenado en el mundo a partir del año 2007.
La primera crisis que desencadenó la ola fue la de EEUU, seguida por la de la unión europea, causando que Greenland cayera también, llevándola hacia los países asiáticos, arrasando a su vez con los países árabes, provocando la crisis de Dubai en 2008, afectando la economía de Japon al igual que a la de Finlandia (la cual tuvo la caída de 3 de sus bancos más importantes). La situación, que empezó en un país, se volvió una pandemia, como una especie de efecto dominó. Básicamente, todos los países que tomaban parte del mercado global fueron afectados enormemente. Por fortuna aquellos países que no hacían parte de estos mercados (por falta de capital) pudieron salvarse de caer en esta crisis, sin embargo, el hecho de que se hayan logrado proteger por el momento no significa que no deben estar alertas ante cualquier cambio global, puesto que si bien es cierto que no nos afecta directamente, no es menos cierto que por vías alternas la pandemia logre filtrarse en nuestro territorio y afectar nuestros negocios.
El último blanco de la ola de crisis se ha dado en Egipto. A simple vista un ignorante fácilmente puede decir “eso es en otro país, lejos de nosotros, ¿qué tanto puede afectarnos la renuncia de un presidente en Egipto?”, a estas personas sencillamente les diría que siento mucho su carencia de visión y que espero que algún día puedan abrir los ojos bien y salirse de esa pequeña burbuja rellena de humo que no les permite ver más allá de lo que tienen en su entorno inmediato. Es increíble cómo podemos pasar por alto un acontecimiento tan importante como lo es el conflicto interno que se ha vivido en Egipto, sin pensar en las repercusiones que este nos traerá en un futuro inmediato.
Es importante analizar las consecuencias de este conflicto, comenzando por la ubicación geográfica de Egipto, teniendo en cuenta un punto clave del comercio del petróleo y la ruta más utilizada por los exportadores e importadores mundiales de éste, el canal del Suez. Como consecuencia de la crisis egipcia, el precio del petróleo ha subido a 100 dólares el barril, el precio más alto de los últimos dos años. Otra de las consecuencias que se pueden encontrar es un cambio en los precios de productos textiles y de alimentos, puesto que Egipto es uno de los principales exportadores de algodón y a su vez uno de los importadores de trigo más importantes del mundo.
Otro factor que puede afectar al mundo, particularmente a Europa, es el gran número de deudas que Egipto tiene con ciertas entidades financieras del continente europeo. Los bancos franceses, al igual que los bancos británicos son de los más expuestos a la deuda egipcia puesto que han financiado al país en un 35,6% y 21,6% respectivamente. Así que en estos momentos, hay una posibilidad de estar en proximidad de una nueva ola de crisis financiera en el viejo continente.
Estas fueron algunas de las consecuencias que trajo la crisis egipcia, sin embargo es indispensable mantenerse alerta porque muy seguramente, como es la naturaleza de un efecto dominó, una nueva serie de eventos nacerán a partir de lo que ya ha pasado y es nuestro deber analizar, estudiar, indagar y diseñar estrategias para poder aprovechar situaciones de adversidad para realizar nuestro paso hacia el progreso y el desarrollo, tomando las amenazas de otros y transformándolas en nuestras oportunidades de sobrevivir. 

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